por Celia Mesías
Corría el año 1871 en la ciudad de Buenos aires,
Argentina; los inmigrantes llegaban de a miles en los barcos,
el mandatario era Domingo Faustino Sarmiento; los soldados que volvieron de batallar
en Paraguay, fueron portadores además del acostumbrado hastío, recuerdos sangrientos
y desidia que les había dejado la guerra, de la fiebre de los barbaros o mejor
conocida como fiebre amarilla, una de las más feroces epidemias que azoto Buenos
Aires, mato al 8% de los rioplatenses, había días en que morían más de 500
personas; la población porteña se redujo a la tercera parte, pues los pobladores
de la metrópoli, la abandonaban para escapar del flagelo. Entre los emigrados
se encontraba León Guruciga, maestro superior, título que obtuvo en la escuela
Normal de su pueblo de Vitoria (parte vasca de España) hombre de carácter tesonero
e incansable que entregó sus servicios iniciales a la educación común.
Enfermo,
llego a San Nicolás de los Arroyos, luego de reponerse de su padecimiento se
hizo cargo de la Escuela superior.
Cuando
se fundó la Escuela Nº 1 Melchor Echegue, evocada así en memoria de su buen
amigo y vehemente colaborador, ocupo el cargo de director, mando a acuñar
medallas con este seguro y comprometido pronunciamiento .No hay republica sin
pueblo educado.
Este
personaje de la historia nicoleña, vivió en la institución hasta su muerte en
1919 luego de 46 años de enseñanza; cuentan sus allegados que dejaba la ventana
abierta de su habitación porque daba al patio de la escuela, desde allí, podía escuchar las voces y los juegos de los niños,
cosa que disfrutaba considerablemente, además de complacerse con el repique de
la campana que informaba la iniciación o el final de la jornada escolar.
Hoy en
día hay una calle que lleva su nombre, muchos lamentablemente no conocen a este
actor de la historia de nuestra querida ciudad, un hombre justo, tesonero y decoroso,
que supo desempeñar con humildad y absoluta
dedicación su labor por amor a las generaciones venideras.
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